Rarity's Garden

by HamGravy

El Jardin de Rarity (Spanish version, translated by Dr. Death)

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Note: Spanish translation by Dr. Death. Thanks so much!

El Jardin de Rarity

Por Hamgravy

La primera vez que destruí algo inocente fue cuando tenía 7 años.

Detrás de la casa de mis padres, había un pequeño jardín. Mi madre plantaba vegetales. Hasta hoy en día no tengo idea porque. Aun con magia, los unicornios apenas pueden hacer crecer algo comestible. Plantas, flores, vegetales, todos están fuera de nuestro alcance. Todo lo que creía en ese jardín eran mini-zanahorias deformadas, tomates de colores raros y arvejas que chorreaban pus. Mi madre debería saber que su jardín era un caso perdido. Ella no era un poni terrestre, no podía hacer crecer alimentos. Así es como funciona.

Pero eso no la detuvo, y así, año tras año, cuando sus plantas fueran lo suficientemente maduras, nos obligaría a mí y a mi padre a atragantarnos en su horrendo producto. Ella lo tomaría con orgullo, aun cuando creo que sabía que tan asquerosa era su comida.

"Comete tus vegetales, Rarity. Son buenos para la salud", diría. "Y por el amor de Celestia tienes que perder algo de peso". Nunca tuve una figura con sobrepeso, pero mi madre siempre me insultaba de esa manera, solamente porque podía.

Ella estaría rodeada de sus patéticos e inútiles vegetales, los cuales amaba más que a mí. ¿Porque? ¿Le encantaba tanto su hobby? ¿O solamente quería cultivar y crecer algo sin el odio que tenía cuando me miraba?

Creo que es el último, pero que mi madre siempre fue una criatura corta de mente. No creo que ella alguna vez fue tan astuta como para darse cuenta.

Ese jardín tenía otro propósito. Volvería a ir ahí cada vez que mi padre terminara conmigo. Nadie se acerca a ese jardín de noche, cual es el momento donde el viene a mi cama. Y sabía que no podía arriesgarme a que me vea llorar

La mayoría de las noches, después de que acabara conmigo, se levantaría y se iría a su cuarto sin abrir la boca. Usualmente me tendería ahí por unos minutos sin hacer ningún movimiento.

Una vez que me recompondría, me levantaría y me iría al jardín con mi almohada. En la noche la única luz que se ve es la de la luna, bañando el cobertizo y el camino entre el jardín y mi casa de la luz nocturna. Me movería de la forma más cuidadosa posible sin hacer ningún chirrido entre las tablas de madera que funcionaban como piso.

Una vez afuera, en el jardín, me iría al otro lado del campo donde había fertilizante, me echaría encima, y relajaría todos mis músculos. Solo ahí dejaría que los restos de mi padre dejaran mi cuerpo, y cuando lo hacían, me sentía más limpia que antes, de una forma rara. El acto es casi un ritual, una retribución. Esa pila de tierra y heces de animales era el único lugar merecedor de él semen de mi padre. Yo actuaba como un método de transporte. Eso era lo que me decía a mí misma, transportando su basura a este lugar.

Quizá llamar a este lugar un "jardín" seria ser demasiado caritativo. Era más como un parche de tierra gigante, con puntos de vegetables simulando tumores. Este lugar era también el único sitio donde ninguno de mis 2 padres se molestaría en preocuparse. Entre el jardín y el fin de nuestra propiedad solo habían plantas y hierbas.

Me sentaría ahí espalda arriba, hasta que mi ceremonia esté completada, y luego esperaría a que mi dolor vuelva. Aprendí a enmascarar mi propio ser cada vez que mi padre entraba a mi habitación; separándome de este mundo, y dejando que el abuso pase. Era la única forma de que quede mentalmente estable.

Pero una vez que terminaba, mis sentimientos volverían a emerger. Cada vez tomaba más y más tiempo, pero las emociones volvían, escabulléndose de mí como insectos. Y cuando lo hacían, siempre había ese momento, como un golpe en el estómago, donde el horror completo de lo que paso entraba a mi mente.

Y lloraría. Esa era la segunda parte del ritual.

Por esa razón vine con mi almohada. Para gritar y ahogarme en ella, así podría sacar el dolor y el miedo de mí sin despertar a mis padres.

De la misma forma que yo era el transporte para el semen de mi padre, mi almohada era el transporte de mis emociones. Era un basurero donde dejaría todo el horror y los sentimientos. Una vez que terminara de llorar, no sentiría más tristeza, ni dolor, ni miedo. Quedaría simplemente fría y vacía.

Mire a la luna en esa noche especialmente. Era una luna llena, y en esos días se vería claramente la silueta de la princesa traidora. A veces me preguntaba si estaba despierta, si duerme eternamente en su preciosa cárcel luminosa, o si vive simplemente en esa gran roca sin vida condenada a ser el objeto de mirada de otros ponies.

Deseaba que fuera lo primero, porque el ultimo escenario me llenaba de una rara envidia. Si estuviera en la luna, nadie me lastimaría. Pero no envidiaba a la princesa Luna, si no a la luna en sí misma. Brillaba de forma hermosa, brillante, siempre admirada por los ponies del mundo.... Y aun así estaba muerta y vacía.

Justamente como quisiera estar.

Si fuese hermosa, todos me amarían. Si fuese fría, nunca los tendría que amar.

Tener que ser libre de estos sentimientos tendría que ser la más grande libertad, ¿no? Si no sintiera nada, nadie me podría lastimar.

Y nadie me podría detener.

Era una niña. Y no entendía que para ser libre no tenía que extinguirme, si no tener control total. Control de mi misma, control de los otros, control del mundo. Así nada me podría lastimar, en cambio, podría lastimar a quien quiera.

Sin embargo, esa noche, era ignorante a este hecho. Era simplemente una noche común, con rituales, sollozos, y observar a la luna, por lo que cerré mis ojos, así podría acabar con todo estimulo de hacerme sentir viva.

Mi meditación fue interrumpida cuando un movimiento en la hierba se hizo presente. Abrí mis ojos. Había algo en el jardín conmigo

Un conejo salió del pasto. Me encantaría decir que había una cualidad especial de este conejo, pero no había nada. Era un simple pequeño conejo y nada más.

El animal miraba de forma nerviosa, como los conejos hacen, y se fue hasta una de las zanahorias de mi madre. La olio un poco e inmediatamente se apartó. No me sorprendía que un tonto animal cualquiera tenga mejor sentido que mi madre.

Mire el conejo de forma molesta. El interrumpió mi meditación, mi silencio. Y aun así, él no tenía malas intenciones. ¿Era incluso el conejo capaz de hacer alguna acción negativa? Los conejos no cazan, ellos son los cazados, ellos son las victimas perpetuas.

El conejo me noto, y en lugar de irse, se acercó y se quedó quieto en la base de mis pezuñas. Adentro de mi mente, esta acción era una ofensa. El conejo no me conocía. Él no sabía de qué era capaz. Yo supe hace tiempo a temerles a otros. El miedo de los extraños fue impuesto en las escuelas (y aun así no hablaron sobre el peligro que pueden causar nuestros seres cercanos). Este conejo, sin embargo, no sintió miedo al acercarse a un extraño. Los conejos son tímidos, y aun así este no tenía ningún signo de miedo en él. Algo lo condujo hasta mí. Alguna cualidad que no pude notar. Pero cuando vi sus ojos lo note instantáneamente.

Inocencia.

Él era pequeño y joven. Así que lo entendí. El no sentía miedo porque nunca fue expuesto a un peligro en su vida. Nada lo amenazo y todavía creía que el mundo era un lugar seguro. Creería que podría moverse libremente por donde se le dé, y que la bondad seria automáticamente impuesta a él.

Trate de recordar cuando podía sentir esa clase de libertada, de seguridad. Pero no pude. Perdí todo eso antes de ser capaz de reconocerlo. Eso, o nunca lo tuve.

De repente mi envidia de la luna se fue. Mi envidia se concentró en ese ignorante conejo. La diferencia con la luna, era que este conejo estaba a mi alcance.

Y lo que vi en sus ojos me dio asqueo.

Moví mi pezuña hacia el conejo, sin pensar. Este movió la cabeza de forma pensativa, y luego apreté una de sus patas contra el suelo de la forma más fuerte que pude hacer. No quería que se mueva.

El animal chillo, de una forma corta, silenciosa, e incluso elegantemente. El no pedía ayuda, si no que me quería informar que mi pezuña lo estaba lastimando. Pensaba que yo pararía de repente. Para él era imposible pensar que una criatura lastimaría a otra.

Apreté mi pezuña aún más fuerte, con el animal aun mirándome, necesitando tiempo para registrar que pasaba. Se podía observar en sus ojos que una forma primitiva en su mente se activó, y entendió que lo estaba destruyendo con todas las ganas.

En ese momento puse toda mi fuerza por sobre mi pezuña y escuche una rotura pequeña. El conejo empezó a convulsionar del dolor y entro en pánico ante la falta de movilidad. No me estaba mirando más. Perfecto.

Me concentre con mi magia y mi cuerno se prendió. Forme un campo mágico alrededor del conejo. El cual ahora no tenía inocencia, ya que poseía la información de saber qué cosas podía hacer.

¿Cómo podría hacer esto sin sentir nada? ¿Cómo llegue a esta idea?

El campo mágico que rodeaba al animal de forma completa se tornó una burbuja gracias a un hechizo que sabía.

Cual burbuja no podía dejar pasar el aire.

Me quede y observe como el estúpido animal estaba entrando en pánico y respirando con todo lo que podía por el increíble dolor que sentía. No le tomo mucho usar todo el aire de la burbuja. Y luego mire como los ojos del conejo quedaron horrorizados, cuando el buscaba por un aire inexistente, cuando él se estaba sofocando ante mis ojos.

No mire hacia otro lado. Mire como los movimientos del conejo se hacían más y más desesperados, y como intentaba golpear la burbuja creyendo que podría romperla y librarse. Luego mire como esos ojos inocentes que me miraban hace unos minutos, cambiaron a terror y me miraron de nuevo.

Estaba preguntándome algo.

Y mi respuesta era "Porque te acercaste".

Mire al conejo hasta que su movimiento se detuvo. Solo en ese momento disolví la burbuja. Un cuerpo sin vida cayó al piso cerca de mis pezuñas. Lo mire por varios minutos sin saber que esperar.

Ya no sentía ira, la cual se había ido antes de romperle la pierna. No sentía tristeza tampoco, ni arrepentimiento.

Admito que me sentí bien cuando lo hizo. De alguna forma las convulsiones del conejo tenían una cualidad fascinante. Pero más que eso, el sentimiento de poder era intoxicante. YO le hize eso. Su mundo entero fue consumido en dolor que yo cause. Por ese momento yo era el centro de su existencia.

Pero ese entretenimiento se fue cuando el empezó a quedarse sin oxígeno. Todo sentimiento que el conejo me hacía sentir fue reemplazado por una simple frase repetida en mi mente.

"Que desperdicio".

Me obligue a dejarlo morir. Admito que tenía que saber si podía matar. Y lo hize. Pero no se podía hacer nada con el ahora. No lo podía lastimar. No era el centro de su existencia. No era nada más que un pedazo de carne en descomposición. Su valor como experimento, victima, y entretenimiento fueron aplastados.

Por un momento considere enterrar su cuerpo. Pero fue mejor idea dejarlo en las hierbas que rodean el campo de mi familia. Nunca fue descubierto. Algunas aves carroñeras seguramente se encargaron del cadáver por mí.

¿Qué aprendí sobre mí esa noche? No lo sabía. Había otra prueba que tenía que hacer antes de saber en qué me convertí.

La tarde siguiente, mi padre volvió a mi cuarto, y siguió la rutina de siempre. Pero luego de limpiarme no me quede en el jardín. Busque por el pasto después de pasar los límites de nuestra propiedad y encontré los restos del conejo.

Me senté de forma calma sobre el cuerpo, hasta que otro conejo se me aproximo. Otra vez vi la inocencia de sus ojos, y otra vez, sabía que tenía que destruirla.

Cuando deje el jardín, las 4 patas del conejo fueron aplastadas. Lo deje donde lo encontré. Lo destruí, lo hize atemorizarse de mí. Y luego lo deje vivir.

Esa noche, bajo la luz de la luna, me di cuenta de quién era. Por años, desde que mi padre me violaba, fantasee con matarlo. Pero de alguna forma esos sueños nunca me satisficieron. Ahora sé por qué. No era por mi instinto. Si no porque matar era para los que carecían de creatividad y ambición. La muerte era muy simple y rápida.

Demasiado piadosa

Cuando el tiempo llegue, no lo matare. Lo destruiré de la misma forma que hize con aquel conejo.

*******

Me desperté en mi hermoso cuarto, besada por los rayos del sol de Celestia. Rodeada de lujos, lejos del terreno donde me crie.

No hay nada feo aquí. Todo, desde el espejo con gemas incrustadas a las cortinas delicadas, fue elegido por mí, para complementar mi propia belleza. Este es el mundo que cree por mí misma.

Partes de tela estaban sueltos por el piso, al igual que varios juguetes sexuales, cadenas, y una jeringa usada. Que noche más gloriosa, y que mañana más gloriosa.

Temblé del placer cuando disfrutaba el tacto juvenil de una lengua contra mi vagina. Silver Spoon estaba con su cabeza entre mis piernas, su lugar favorito en el mundo. No hago hábito de dormir con ella, pero algunas veces, simplemente pasa, cuando una de nosotras colapsamos del cansancio en mi cama.

Ahora se alimentaba de mi vagina tal cual como un potro se alimentaba de su madre. Con una habilidad superior a su edad, ella lame muy adentro mío, y luego mueve su lengua arriba para probar mi erecto clítoris. Me llega un giro de sensación por el placer. Lo admito, esa puta tiene talento.

Ella de verdad traga cada gota que suelta mi excitación, respirando profundamente mientras lo hace, saboreando el sabor y temblando del deseo. Mis jugos vaginales son una de sus adicciones, y a veces encuentro perversamente hilarante negarle probarlos. Mentiré, riendo y gimiendo, mientras que uno de mis juguetes absorbe todas mis gotas, mientras que la obligo a mirar, igual que un pony hambriento mirando a los otros en un festín. A veces, esto ha terminado en ella llorando. Así es su devoción.

Miro hacia el potro que me está dando placer. Su pelaje está sucio, aun pegajoso y con restos de semen de la noche anterior. Tiene un ojo morado, que obtuvo cuando me canse de escucharla hace 2 noches y decidí darle una patada sin previo aviso. Está cubierta de moretones, resultado de las festividades de la noche anterior.

Esta lastimada, y cada día la llevo un poco más cerca de su propia destrucción. Ya había empezado, pero está transcurriendo lentamente por miles y miles de cortes. El día que la tenga que terminar y dejar arruinada como a un perro llegara. Ella lo sabe, y me ama por eso.

Que conejo más raro paso rondando hacia mi jardín.

Le dejo tener el honor de llevarme al orgasmo. Su talento no decepciona, y me encuentro llorando mientras me vengo. Cosa que casi nunca pasa. El herido infante de abajo se da cuenta y me sonríe cálidamente.

"Te amo" Me dice.

"Vete" Le respondo. Ella hace lo que se le es ordenado y abandona mi habitación. Dejándose dar una corta mirada hacia atrás de reverencia antes de irse.

Me tiro ahí sola por unos minutos, bañándome en el brillo del sol

La primera vez que destruí algo inocente, fue cuando tenía 7 años. Nunca lastime otro animal desde entonces. Una vez graduada para arruinar seres pensantes, bestias tontas hacen un mal sustituto.

Nunca hubo nada inocente de Silver Spoon, hasta donde llegue a conocerla.

Y aun así, creo que cuando el día llegue que tenga que convertir su alma en polvo, lo saboreare más de lo que pueda imaginar.

Y ella lo hará también.