OFIMEËTREËLICIA

by Khampostel

La gran y poderosa Trixie en el Exordio bajo las piramides - Epilogo II

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"He terminado", dijo Summermoon con frialdad, incorporándose del suelo. Ahí, tirada frente a ella, en medio de un mar de rosas, yacía el cuerpo inconsciente de Trixie Lulamoon, a quien acababa de manipular la mente.

"Excelente", respondió Dhona Oleg-Nar Dhazer, unos pasos detrás. "Será un magnífico peón."

"Jjjsjsj, debo reconocer que esta vez sí has montado un teatro muy difícil de desmontar, mi querido Doni", dijo Summermoon, volviendo su mirada pícara hacia Dhona.

"Y, sin embargo, podría no ser suficiente. Este mundo maldito siempre encuentra la manera de arruinar la voluntad de la oscuridad. La intromisión de esta patética criatura es prueba de eso."

"¡Ohhh! No me digas que aún te sientes mal porque esta 'gran y poderosa unicornio' arruinó tu mas aburrido y estúpidamente largo plan de destrucción absoluta mundial." El sarcasmo en la voz de Summermoon era evidente.

"Hmm..." Dhona no le respondió y, en su lugar, le dio la espalda, alejándose. De inmediato, Summermoon soltó una carcajada.

"Tendré que decirle todo esto a mi señor Kal-Arth, Dhona", dijo en voz alta Summermoon con repentina seriedad, observando cómo Dhona subía por unas escalinatas de piedra blanca.

"Hazlo. Has obrado bien hoy. Serás recompensada en el futuro." respondio sin voltearse o detenerse

"¿En el futuro? Hoy somos aliados, Doni. Mañana no lo sé."

"Volverás. He visto el futuro."

"Tú solo has visto tu futuro."

"Sí... será grandioso", respondió Dhona, ya muy lejos, arriba de ella.

Summermoon mostraba un rostro severo mientras Dhona continuaba alejándose, ascendiendo por las escalinatas de piedra. Sin embargo, había una sonrisa sutil y oscura en su interior. ¿Acaso Dhona realmente creía que ella no se atrevería a hacer nada, o que si lo hacía, no tendría importancia en el futuro que él había preparado? Había manipulado la mente de ese poni según sus instrucciones, pero había añadido algunas cosas más, cortesía suya.

Ella era la tercera estrella oscura, Summermoon Darkstar, y tenía sus propios objetivos a futuro. Dhona era un activo muy importante para alcanzarlos, pero nada más.

"Nos vemos luego, Doni." Sin nada más que hacer allí, Summermoon comenzó a descender por las escaleras.

Las emociones que llenaban a Summermoon eran muy distintas a las que había tenido al subir a aquel lugar cargando a Trixie. Ahora se marchaba con la frente en alto, muy satisfecha. No solo había encontrado un chivo expiatorio para contrarrestar las acusaciones de sus hermanas cuando volviera con ellas, sino que ahora también tenía información vital para su amo, lo que sin duda sería recompensado. Además, había asegurado su propio futuro pactando con el señor oscuro Pit Prompt un posible acuerdo de servidumbre en caso de que eventualmente todo le fuera mal.

"Un ganar y ganar, más postre", pensaba. Summermoon sonreía mientras saltaba escaleras abajo.

El camino descendente se hacía más empinado a cada momento. Los peldaños, cada vez más estrechos, pronto desaparecieron, dando paso a un precipicio luminoso lleno de blancura. Divertida, Summermoon saltó sobre las rocas que flotaban en forma de puente hacia el otro extremo del abismo.

Ya en terreno más firme, se encontró en medio de un largo camino blanco que conducía a un inmenso castillo cuya forma se asemejaba a un árbol de pino. Sobre aquel castillo, en un cielo blanco que no era cielo, una inmensa pirámide invertida apuntaba su afilado vértice atravesando las nubes espesas de aquella enorme caverna subterránea en la que estaban.

Bajo las tierras del olvidado continente de Eufalia, bajo las piramides ...

Silbando, Summermoon continuó su marcha. A ambos lados del camino, decenas de inmensos monstruos observaban atentos sus movimientos, pero ella no les prestó atención.

"Es un día maravilloso", susurró alegre Summermoon, dando cabriolas mientras seguía el camino.

Muy lejos, desde lo alto, en la cima del zigurat de siete niveles, Dhona Oleg-Nar Dhazer la observó ingresar al castillo.

La atención de aquel ser oscuro se centró entonces en la inconsciente Trixie, que se encontraba un nivel debajo de él. La unicornio seguía dormida, envuelta en un plácido sueño rodeada de rosas rojas de esperanza y desesperacion.

"Todo sea para alcanzar la meta...", murmuró Dhona desde el nivel más elevado del zigurat. "Aquí estarás a salvo de la medianoche, pequeño poni. Mientras el destino de tus aliados aún es incierto, ten por seguro que pagarás con creces todo lo que me has costado."

La sonrisa de Dhona se extendía, y sus ojos esmeralda fulguraban.

Perder un súbdito (como YRAG) no importaba, aliarse con Summermoon (una peligrosa rival) tampoco.

Todo sacrificio era aceptable si la meta, aquel destino... el objetivo final de su existencia, por fin era alcanzado.

Aquel dulce y hermoso final.

Dhona, en la cima del zigurat, se dio la vuelta y contempló entonces aquello por lo que estaba dispuesto a hacer cualquier sacrificio.

El éxtasis llenaba su ser al ver aquel rostro. Sin hacer ruido, dejó caer la capa que lo envolvía en secretos y avanzó hacia él.

Desnudo, mostrando su verdadera forma (una vista que casi nadie había presenciado), avanzaba con sus extremidades abiertas sobre un suelo cubierto de sal. Cada paso resonaba en el vasto vacío, como si el silencio del lugar amplificara su peso.

Extendía los brazos, como un hijo que se aproxima a su madre, buscando un consuelo antiguo y primordial. Y, en efecto, eso era lo que tenía delante. Su madre...

Lo que quedaba de ella.

Sobre el inmenso zigurat de colores verde y azul, una cabeza colosal, decapitada y descompuesta por el tiempo, descansaba en la cima. El rostro, inclinado hacia un lado, mostraba una expresión que no parecía de este mundo: blanco, huesudo, y con las cuencas de los ojos vacías, que habían perdido su contenido hacía incontables milenios. De aquellos vacíos, ríos de sal descendían en cascadas por las laderas del zigurat, creando una corriente interminable. La boca, cosida y seca, formaba una mueca grotesca, un gesto torcido que evocaba tanto desprecio como pena. No había rastro de nariz en ese rostro olvidado, solo la cabellera, roja y negra como cuerdas desgastadas, que caía como cicatrices sobre la piel blanca del cráneo.

Dhona avanzó, hasta que pudo tocar la piel fría de aquel cadáver titánico. Con reverencia, como si cada contacto fuese sagrado, se inclinó ante ella. Sus gemidos de infante se entremezclaban con susurros de adoración, reverberando en el aire espeso como una musica funebre.

Rezaba. Rezaba a las estrellas, al vacío de la noche, al olvido mismo. Su voz, arrastrada por el viento, se convertía en un eco fantasmal, una plegaria viviente que se extendía por todo el zigurat.

Sus oraciones, en un aire convertido en prosopeya, como un velo sombrio, descendieron hasta lo más bajo del templo.

Allí, un nivel por debajo, Trixie Lulamoon yacía dormida entre flores, mientras mariposas negras revoloteaban sobre su nariz. Las orejas de la unicornio se movieron de un lado a otro, como si las palabras del viento le susurraran en sus sueños.

"Shhhh... No hagan ruido. El show apenas empieza..." murmuró entre sueños, moviendo las patas en sincronía con los escenarios oníricos en los que su mente danzaba.

Sin nada extraordinario mas que añadir, finalmente, de un extremo a otro ... el día más largo había llegado a su fin.

Por ahora, el telón rojo caía para la gran y poderosa Trixie.