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by Koryvideo

Solo desearía que algo cambiara mi vida para siempre

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!Lárgate de aquí maldito inútil¡

No eres nada sin terminar lo que comenzaste, no serás nada si sigues creyendo en esos cuentos estúpidos y llenos de mentiras. Déjame decirte algo; la realidad no es bella, la realidad es una mierda y no se vive en ella por gusto, se vive sacrificando parte de nuestro ser en el día a día.

Y si no quieres ser parte del mundo y vivirlo por ti mismo yo no tengo la obligación de mantenerte toda tu vida, eres un adulto maldita sea.

¡Lárgate de aquí!

(Sorpresa)

Fue en ese instante que reaccione, no era más que un sueño.

Me encontré en el más estrecho borde de mi cama, a punto de caer.

No pude evitar el suspirar en ese instante.

Nuevamente había tenido ese sueño horrible, nuevamente había visto aquel recuerdo que hoy día no puedo borrar de mi mente.

¿Cuánto habrá pasado desde aquel entonces? –Me pregunté.

¿Dos años, quizás tres? Sinceramente no lo recuerdo con certeza, pero supongo que es algo que no merecía ser recordado. Después de todo no es algo que haya querido recordar toda mi vida.

Aquella mañana me levante de la cama y me dirigí a la cocina sin esmero alguno, en mi trayecto recuerdo haberme rascado las pelotas en más de una ocasión, solía ser una de mis numerosas malas costumbres. Mientras caminaba espabile mi vista para poder mirar el camino, lo cual era completamente innecesario. Vamos, sabía de memoria cada paso y centímetro libre de mi hogar al grado que era capaz de transitar por ella sin necesidad de abrir los ojos. Tampoco es que haya sido una gran casa o una enorme mansión, se trataba de una de las cientos de casas pequeñas que aquella zona habitacional tenía. Pequeñas, simples y fáciles de memorizar.

Una vez en la cocina me dispuse a tomar la caja de cereal que siempre ponía por sobre mi refrigerador, tomé un tazón limpio y lo rellene con el cereal, agregué leche y me dirigí a la mesa.

Mi tazón de cereal y mi insípido café instantáneo preparado en el microondas son el desayuno que si bien no era perfecto, es el que solía encajar conmigo perfectamente por aquellos tiempos.

Así es, yo no soy una persona perfecta, de hecho solía creer que la perfección era algo que no existía en este mundo, era para mí algo parecido a los misterios indescifrables, algo tan imposible como la existencia de la magia.

Debido a ello siempre solía encerrarme en mi habitación a ver cosas infantiles, llenas de felicidad, llenas de ficción y por sobre todo. Cosas que llegué a creer Imposibles de realizar.

Por eso siempre miré animes, películas y caricaturas que alguna vez me llenaron de felicidad. Por eso mismo deje la universidad y por eso mismo fui alejado de mi familia, mejor dicho: Mi familia me alejo de ellos. Aquel sueño del principio no había sido un sueño precisamente, en realidad había sido mi más doloroso recuerdo, mejor dicho; uno de los más dolorosos. Fue cuando la última advertencia de mis padres se había convertido en un acto violento en contra mío. En contra de mi pereza y mi falta de optimismo por la vida.

En algún momento de mi pasado había sido un gran estudiante, un gran amante y por sobre todo un gran hijo del cual sus padres estaban orgullosos y felices de tener, pero todo eso fue cambiando con el paso de los años y por sobre todo fue debido a que poco a poco perdí las esperanzas por este mundo.

Fueron las guerras, los asesinatos, los amigos que se perdieron en drogas,  los amigos que murieron, las dudas existencialistas y por sobre todo: La falta de fe las causas de mi cambio tan drástico, de vivir de alegrías y compañías que considere irremplazables a vivir solo y sin nada más que recuerdos gratos manchados de aquella realidad que los dejo en el pasado. La misma realidad que mato mis sueños y me hizo experimentar la crueldad e hipocresía del ser humano.

Y por otro lado me deprimía aun más el hecho de no poder hacer algo para arreglarlo, yo también era un ser humano y era parte de aquel desagrado.

Entre más sabia del mundo más difícil me era aceptar mi existencia como parte de este mundo, posteriormente deje la universidad, deje mi trabajo y me dedique a buscar algo que me llevara adelante en mi vida, aquella chispa que me deseara ver nuevamente el mundo como algo maravilloso. Vamos, yo no quería vivir siendo un oficinista amargado con la vida y tampoco quería ser parte de la sociedad  sucia y corrupta que había estudiado en la universidad.

En un momento u otro simplemente me halle vacio en mi vida.

Mis padres por supuesto no entendieron del todo mi situación, no eran muy conocedores de mi vida fuera de la casa y tampoco eran conocedores de lo que me aquejaba.

Pasado un año de inutilidad en la casa de mis padres había encontrado algo llamado “My Little Poni: La magia de la amistad”, así como también muchos otros materiales de fantasía y comedia hechos en caricaturas. Entre ellos animes y películas, pero por supuesto todos los anteriores tenían un sentido humanista que me hacia  regresar a la realidad una y otra vez, me dejaban en un estado incompleto, un estado que me mantenía atado al mundo que no quería ver frente a mis ojos, pero My Little Poni era una excepción a ello, había sido mi escapatoria ante la asquerosidad del mundo y sus habitantes, había sido lo que me llenaba de dicha y al mismo tiempo me hacia desear estar en ese mundo lleno de colores vivos e infinita felicidad, aquel en el cual los humanos no existían para corromper las existencias aparentemente perfectas, igualitarias y felices de los ponis y el resto de criaturas. Era una fantasía utópica donde planteaba a la amistad como el arma más poderosa del universo, era el lugar donde peleas y discusiones no se libraban a golpes, armas de fuego y bombas, era un lugar donde el mal era minoría y era el lugar donde el bien siempre era el triunfador sin importar la prueba que se les pusiera.

Me había convertido en un soñador y sin importar las veces que hubiera visto el programa yo continuaba viéndolo una y otra vez sin descanso, a pesar de la preocupación de mis padres yo continuaba inmerso en ese mundo ficticio y por supuesto a la larga perdieron la paciencia.

No estudiaba ni trabajaba, mi hermano mayor había logrado establecer bares y centros nocturnos por todo el país sin ayuda de mis padres y yo por otro lado habiendo tenido el apoyo de ellos toda mi vida y habiendo sido el que vivió acompañado de mayor beneficio económico y de potencial intelectual ahora estaba sumido en la miseria, estaba estancado en mi vida y no hacía nada más que comer, cagar y dormir en la casa de mis padres. Gastaba su electricidad, agua y con el tiempo; su paciencia.

Un mal día mi padre había llegado ebrio a casa, lo cual era algo extraño para un hombre como el puesto que pocas veces eran las que bebía y era bien sabido por mí que no lidiaba muy bien con el alcohol. Aparentemente estaba molesto y con una buena razón.

Me quería fuera de su casa y me quería fuera de su vida, no estaba dispuesto a continuar manteniendo mi inutilidad entre las paredes de la fortaleza que construyo con arduo trabajo, dedicación y sacrificio durante toda su vida.

Yo desafortunadamente no pensé bien las cosas en aquel entonces y decidí hacerme la víctima, debido a ello mi padre perdió la cabeza.

Me propino varios golpes en el rostro, en el cuerpo y me saco a rastras de su casa.

En aquel momento solo tenía conmigo unas pocas ropas, mi vieja lap top y una mochila vieja apunto de ceder ante los años de maltrato, así como también unos cientos de pesos en mi bolsa.

En esos momentos de desesperación fue cuando sabía que no podía continuar así, pero mi orgullo así como mi vergüenza me hizo jurar jamás volver a casa de mis padres, decidí separarme por completo de mi familia de la misma manera que mi hermano mayor lo había hecho muchos años atrás, pero con la excepción de que él en su momento tenía amigos y un trabajo con el cual subsistir. Por supuesto pude haberle pedido ayuda en esos momentos pero la realidad es que su pequeña fortuna la había amasado gracias a las vidas que destruía con cada gota de vino que vendía en sus establecimientos, corrupción e hipocresía eran ahora parte de el al igual que lo habían sido parte de mi padre, quien en varias ocasiones llego a corromper el dinero de su trabajo.

No quería corromperme de la misma manera, pero lo cierto es que había vivido siempre en la comodidad gracias a la propia corrupción de mi padre y hermano. No era más que un hipócrita y sabía eso. Pero no podía vivir de honestidad y sonrisas rotas en el rostro. Debía hacer algo; debía comenzar a vivir me gustase o no.

De esa forma meses más tarde estaba recibiendo dinero de un hombre que trabajaba en el gobierno, me pagaba por ayudarlo a corromper cuentas bancarias para distribuir dinero que no era suyo de forma discreta. Yo solía ser bueno con la administración de mucho dinero y por sobre todo no era ignorante de la forma que el gobierno usaba para hacer desaparecer números incómodos para ellos. Por supuesto había estudiado para ser un administrador, no tenía el papel de licenciado, pero no había desaprovechado el tiempo en la universidad.

De esa forma había terminado solo en una casa pequeña que amueble gracias al dinero sucio de mi antiguo jefe y por sobre todo triste por mi existencia monótona y falta de esperanzas.

“Solo desearía que algo cambiara mi vida para siempre.”

Era el himno con el cual terminaba cada día antes de acostarme en mi cama para recuperar fuerzas.

Por supuesto, nunca imaginé que el universo conspiraría a mi favor de tal manera que mi vida daría un cambio tan radical.

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