A Little Bit of Science

by Exelion

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Un Poco de Ciencia

Spike entró en pánico al ver a Twilight correr hasta ese extraño espejo, donde hace sólo unos momentos una extraña unicornio había ingresado llevándose consigo la corona de la princesa. En un completo acto de lealtad y sin pensarlo, incluso luego de que Celestia negara al resto de los elementos la posibilidad de ayudarla, corrió tras ella e ingresó en el portal.

Durante la transición, dejó de sentir su cuerpo mientras se arremolinaba hacia lo desconocido y veía con sus propios ojos como su pequeño cuerpo de dragón se estiraba sinfín. Como pudo, logró girar su cabeza en el último momento para ver como Twilight, quien pasaba por algo similar, desaparecía sin más, dejando una chispa en el camino.

No supo cuando acabó, pero ahora podía sentir el frio del suelo en su barriga y un pequeño mareo que no daba tregua.

—Vaya viaje, ¿Eh Twilight? —preguntó Spike frotándose la cabeza con ojos cerrados.

Pero no hubo respuesta.

—¿Twilight?

Al abrir sus ojos, no la encontraba. Lo único a su alrededor era una estatua con un caballo y un gran edificio.

—¡¿Twilight?! —exclamó nervioso— ¡¿Dónde puede estar?!

Spike se puso de pie y comenzó a buscarla, pero a los pocos pasos perdió el equilibrio y cayó, no sin antes dar varias vueltas en el suelo y terminar en el pasto. Cuando se sacudió la tierra del cuerpo, notó que sus escamas eran particularmente peludas y sus garras tenían una superficie menos firme que antes. Al poner su garra en frente suyo, pudo ver que está había cambiado completamente. Un rápido mirar en el resto de su ser hizo que llegara a una conclusión, ahora era un perro, pero no uno grande y malo, sino pequeño y tierno.

—Santa Celestia, esto no puede estar pasando —se dijo a sí mismo—. Pero si yo soy un perro, ¿en que se transformó Twilight? ¿En una perra?

Así, una imagen mental de Twilight en forma canina se formó en su mente.

—No hay tiempo para esto, debo encontrarla.

Imaginando que el gran edificio cercano estaba cerrado y acompañado nada más que por la luna llena, Spike comenzó a recorrer las calles de aquella extraña ciudad. De vez en cuando gritaba el nombre de su mejor amiga con toda su fuerza, lo que producía como resultado que otros perros del vecindario comenzaran a ladrar y las luces de algunas casas se encendieran, rompiendo la armonía entre la noche y las luces artificiales. De vez en cuando, una extraña maquina desconocida para Spike pasaba a su lado a una gran velocidad.

Luego de recorrer cinco cuadras, Spike se detuvo junto a un poste para descansar. Tomó unos segundos para apreciar el cielo de madrugada mientras respiraba hondo. Una noche con pocas estrellas en el firmamento a diferencia de Ponyville.

—¿Dónde estás Twilight? —suspiró cerrando sus ojos.

Sorpresivamente, sintió que alguien lo agarraba con sus frías extremidades y lo cargaba consigo. Al abrir sus ojos, sus nervios se pusieron de punta al ver a esos raros seres altos con piel de colores, nariz pequeña y bípedos. Era algo que nunca había visto. Intentó con todas sus fuerzas zafar de su agarre, pero era inútil.

—Mira, el cachorro se parece al de la foto —dijo el extraño sujeto señalando el aviso pegado en el poste.
—Tienes razón —respondió su amigo con relajo—. ¡Mira la recompensa! Podremos comprar mucha planta con ese dinero.
—¡Suéltenme ahora! —gritó Spike mordiéndole la mano.

El humano gritó en respuesta y le tapó la boca con la suficiente fuerza como para mantener su cabeza quieta. Fue allí cuando pudo observar el cartel, allí estaba él, sonriente, con su lengua fuera mirando directamente a la cámara.

—Wow, amigo, ¿lo escuchaste? —preguntó el otro.
—Sí, ¿no le estarás echando otra vez ese químico raro a tu planta verdad?
—No lo hice, no quiero despertar en medio del campo de futbol como la última vez.
—No importa, debemos llevarlo con su dueña para recibir la recompensa amigo.
—Vamos, encima sólo vive a cinco calles de aquí.

El trio partió hacia la casa de la supuesta dueña de Spike, perdiendo en el horizonte el punto de inicio de su búsqueda. El dragón estaba asustado, sólo tenía dos noches para encontrarla antes de que el portal se cerrara.

Era medianoche según el reloj que estaba encima de la puerta de entrada de aquella residencia de clase media alta. Atravesaron el jardín frontal rápidamente y el joven que tenía las manos libres tocó el timbre. Para ese entonces, Spike se había tranquilizado y estaba indeciso sobre su siguiente movimiento, por un momento pudo observar la herida que le había dejado a su captor, si no fuera por su forma de cachorro su mordida hubiera dejado una marca de mayor gravedad.

Ante la negativa, volvieron a insistir con el timbre.

—¿Estás seguro que es la dirección correcta? Yo te estaba siguiendo a ti amigo.

De pronto, las luces del interior se encendieron seguidas de la del exterior.

—Shhhhh, ahí vienen.

Los jóvenes acomodaron sus peinados y echaron una menta a sus bocas segundos antes de que la puerta se abriera.

—Buenas noches jóvenes, ¿Qué se les ofrece? —preguntó el hombre en bata de pelo azul oscuro y piel un poco más clara.
—Encontramos a su perro, señor —dijo uno de ellos extendiendo a Spike.

El rostro de misterio mezclado con sueño cambió a una gran sonrisa.

—¡Spike, regresaste! —exclamó agarrando a Spike, acariciándole la cabeza enérgicamente— Muchas gracias por traerlo devuelta jóvenes.
—Es parte de nuestro servicio a la comunidad, señor —su amigo de cabellos verdes lo golpeó con su codo y le dio una mirada de enojo—. Claro, hablando de la recompensa…
—Tendrán que disculparme jóvenes, pero no dispongo del dinero ahora mismo, pero…—interrumpió un segundo mientras agarraba un objeto de la mesa adyacente a la puerta— tengan mi tarjeta, llámenme a la tarde para acordar un día de pago.
—Así lo haremos, que tenga buenas noches señor.
—Adiós compadre.

Los jóvenes se perdieron en la noche y el hombre ingresó nuevamente a su propiedad, asegurando la puerta. Por su mente se preguntó que hacían dos menores afuera a estas horas de la noche, pero pronto eso cambió cuando una voz femenina llamó su atención.

—¿Quién era cariño? —preguntó una mujer con bata en las escaleras.
—Mira —respondió el hombre dando media vuelta con Spike.
—¡Spike! —gritó.

Las luces de la casa revelaron el rostro de sus habitantes, su fisionomía era diferente, pero esos colores y el tono de sus voces eran claras en su mente. El rostro de Spike era de asombro y sorpresa.

—¡Oh, Twilight estará tan feliz! ¿Deberíamos despertarla? —preguntó Night Light.
—Vamos, seguro estará esperándolo con ansias —respondió Velvet.

Ambos subieron las escaleras y recorrieron el corredor hasta una puerta con cosas científicas pegadas a ella. Con sólo escuchar el nombre de Twilight, la cola de Spike comenzó a moverse frenéticamente.

—¿Twilight? —inquirió su padre tocando la puerta.

Del otro lado, Twilight, quien apenas pudo conciliar el sueño desde que su mascota Spike escapó de la casa, refregó sus ojos y se puso los lentes.

—Adelante.

Sus padres ingresaron a su habitación con una sonrisa que apenas cabía en sus rostros. Ella los miró extrañada.

—Mira a quien encontramos querida —dijo Night Light revelando a Spike.

Las miradas de ambos se cruzaron por un segundo antes de que Spike se soltara y corriera a los brazos de Twilight, quien apenas podía creer lo que estaba pasando, incluso rezaba en su interior porque no fuera un sueño.

—¡Spike, volviste! —exclamó Twilight abrazándolo.

El transformado dragón sólo ladró un par de veces mientras le lamia a cara. En respuesta, Twilight le acariciaba detrás de las orejas.
Luego, Twilight se levantó de la cama y corrió a abrazar a sus padres.

—¡Muchas, muchas gracias! —agradeció con lagrimas en sus ojos.
—De nada, princesa —respondieron al unísono— Muy bien pequeña, es hora de regresar a la cama, sólo por hoy Spike puede dormir contigo —dijo Night Light.
—Está bien, sólo hoy —repitió Twilight ingresando a la cama y trayendo a Spike a su lado.
—Buenas noches Twilight.
—Buenas noches.

Velvet apagó la luz y cerró la puerta. Twilight se sacó los lentes y los dejó en su mesita de luz. Giró y acurrucó a Spike cerca de su cuerpo, por fin podía dormir en paz. Pero el cachorro tenía otros planes, esperó a que los padres cerraran la puerta de su habitación antes de abrir su hocico y decir:

—Muy bien Twilight, es hora de irnos.
—¡Wow, wow, wow! —exclamó Twilight asustada, alejándose de Spike, lo que produjo que se cayera de la cama.

Spike se acercó al borde de la cama, intrigado por la reacción de su amiga.

—¡Hablas! ¡Estás hablando! ¡Eso es imposible, sólo eres un perro! —decía exaltada.

Spike se mantuvo sin decir una palabra, esperando alguna otra reacción de su dueña que confirmara una ligera sospecha que había nacido desde que cruzó la puerta.

—O sólo… debe ser mi mente somnolienta… ¿cierto? Un efecto secundario de haberte extrañado por más de tres días. Sí, eso tiene sentido, ¿cierto?

Él razonó las palabras de Twilight. ¿A qué se refería con eso de tres días si habían llegado esa misma noche? Observó las fotos enmarcadas en todo el cuarto que retrataban momentos de su vida, desde su primera feria de ciencias donde salió victoriosa hasta la foto en la graduación de su hermano.

En ese instante fue que comprendió, ella no era la Twilight que conocía y él no era el Spike que ella recordaba, y que al parecer había desaparecido hace pocos días.

Spike ladró en respuesta.

Twilight suspiró en alivio y regresó a la cama, disculpándose con Spike por haberlo asustado. Nuevamente se acurrucaron y al instante aquella Twilight extraña entró al mundo de los sueños.

A diferencia de ella, Spike permaneció despierto maquinando un plan de escape, pero unos minutos después, y debido a la posición, Spike pudo sentir el palpitar del corazón de Twilight que lo relajó hasta el punto de dormirlo.

A la mañana siguiente, un agradable aroma despertó a Spike. Saltó de la cama y estiró sus patas, había pasado tiempo desde la última vez que durmió en una cama de verdad. Siguiendo el aroma, bajó las escaleras hasta la cocina donde toda la familia estaba desayunando alegre y platicando sobre la escuela y el trabajo. El perro se acercó a Twilight, dio un par de vueltas y saltó a su falda, quedando en frente del plato con comida, pero cuando estaba por darle un mordisco, Twilight lo levantó.

—¡Perro malo! —exclamó Velvet señalando con su cuchara.
—Parece que alguien tiene hambre, ven, te daré de comer —dijo Twilight llevando a Spike hasta su plato de comida.

Al bajarlo, fue hasta uno de los gabinetes donde estaba una bolsa grande de comida para perro. Con una taza métrica, sacó la porción indicada para Spike y la llevó hasta su plato, depositando el contenido.

Spike miró extrañado la comida por un segundo, luego puso una cara de asco seguido de una cara triste para Twilight.

—Esa comida es deliciosa Spike, pruébala —dijo acariciándole detrás de las orejas.

Sin poder resistir aquellas manos, Spike llevó su hocico al plato y con un rápido movimiento, devoró una de esas extrañas figuras de colores apagados.

De uno pasó a dos, de dos a cuatro y así prosiguió con todo el plato. Era como tener un festín de sabores comprimidos en frente suyo.

—Calmado Spike o te vas a atragantar —dijo Twilight lavándose las manos y volviendo a la mesa a terminar el desayuno.
—Parece que el pequeñín no comió nada, menos mal que regresó —comentó Velvet.
—Sí, es un alivio —agrego Twilight.
—Es raro, los chicos que encontraron a Spike no llamaron todavía —dijo Night Light.
—Seguramente lo harán después de la escuela. Hablando de eso, ya casi es hora Twilight, debes prepararte para ir tu también —añadió Velvet.
—Está bien mamá —respondió dándole un último bocado a su desayuno.

Dio las gracias por el desayuno y se retiró a su cuarto a buscar sus cosas para la escuela. Un minuto después, el autobús escolar hizo sonar sus bocinas lo que obligó a Twilight a bajar rápidamente y salir de su casa, no sin antes despedirse de sus padres y su amado perro.

—¡Cuiden bien a Spike mientras no esté! —gritó Twilight antes de subirse al autobús.
—¡Lo haremos! —gritó Night Light.

Los padres de Twilight estaban de vacaciones laborales, por lo que durante unas semanas tendrían la casa para ellos solos. Durante los primeros días no hicieron nada fuera de lo común más que descansar, pero esa noche tenían planes especiales.
Luego de despedir a Twilight, Velvet sacó a Spike al patio.

—Muy bien, ve a hacer tus necesidades.

Spike se acerco al árbol más cercano y comenzó a olisquearlo por instinto, sin pensar que su versión canina ya había hecho sus necesidades anteriormente. Llegó a rodear el árbol dos veces hasta que levantó una de sus patas traseras para concretar el acto, pero al ver como Velvet observaba indiferente su acto, este se sentó en el pasto con una mirada de enojo hacia ella.

—¿Qué sucede?

Spike sólo cruzó sus patas.

—Está bien —refunfuñó volviendo a la casa.

«¿Desde cuándo es tan reservado?» pensó ella.

Una vez en soledad, Spike hizo sus necesidades en la base del árbol. Luego, por simple curiosidad, fue a inspeccionar la casucha que tenía su nombre en un cartel con figura de hueso. Adentro, sólo había un colchón usado en el cual dormía.

—Esto es mejor que mi sesta en la biblioteca —se dijo a sí mismo.

Al salir, revisó los alrededores del jardín, pero sólo encontró cosas comunes como muebles, un par de sus juguetes y una manguera enrollada cerca de la casa.

—Que tenemos aquí —dijo acercándose a la cerca que separa el jardín trasero del delantero.

Delante de él había una puerta con seguro la cual impedía su escape.

—Esto será fácil.

Tomó la distancia suficiente y corrió hacia la puerta, decidido a saltarla. Era un reto sencillo, había saltado cosas mucho más altas en Equestria. Con una mirada determinada se impulsó hacia arriba con todas sus fuerzas, imaginando su reencuentro con la verdadera Twilight. Pero todo fue en vano, ya que estrelló su cara contra la cerca.

Estuvo mareado unos segundos viendo borroso, luego sacudió su cuerpo.

—Oh, vamos, esto no puede ser.

Esta vez decidió brincar repetidas veces desde la base de la puerta para alcanzar el cerrojo, pero fue inútil. Maldijo su suerte por ser tan diferente a su parte dragón y se recostó en su perrera para pensar un nuevo plan de escape.

Luego de varias horas de pensamiento, unos minutos de perseguir su cola y a una ardilla que había ido a buscar la bellota que se le había caído, Spike durmió una siesta, imaginando que su hogar era una prisión. No era el hecho de que en Ponyville podía salir casi cuando y a donde quisiera, sino que, sin saberlo, los padres de Twilight reforzaron las medidas de seguridad de la casa para evitar que su cachorro volviera a escapar.

Más tarde, Spike se despertó súbitamente de su siesta cuando escuchó un sonido familiar proveniente de la calle. Por alguna razón, se sentía exaltado por ello, su cola se agitaba frenética de un lado a otro. Instintivamente, corrió hasta la puerta de la casa y comenzó a rasgarla sin parar, se detenía por unos segundos y volvía a repetir el proceso. Cuando escuchó el abrir de la puerta principal comenzó a ladrar.

—¡Spike! —saludó Twilight al abrir la puerta.

El susodicho dio un salto y llenó la cara de Twilight con saliva mientras ella lo acariciaba.

—Muy bien Spike, ¿quieres ayudarme con mi tarea? —preguntó Twilight.

Spike asintió y ladró en respuesta. Ambos se encerraron en el cuarto.

—Sólo dame un segundo que me cambie, sabes cómo me gusta vestirme para hacer tarea.

Spike observó a su alrededor aquellos detalles que había perdido la primera vez que ingresó a su habitación y luego regresó la mirada a su dueña. Sus pupilas se dilataron y si los perros pudieran sonrojarse, lo hubiera hecho completamente ante aquella imagen. Allí estaba, su dueña, en ropa interior, inclinada alzando su falda negra que recorría aquellas largas y delgadas piernas, que culminaba en un culo suave que, para ser una chica más delgada de lo normal, tenía buenas proporciones, y podía destacar usando las prendas correctas.

Ella permaneció de espaldas, por lo que Spike no pudo apreciar mucho más aquella figura nueva para él. Twilight acabó de vestirse con su traje de científica, arregló su cabello y giró solo para encontrarse con su perro mirándola hipnotizado con su hocico abierto y lengua afuera.
Twilight le respondió con una cálida sonrisa, como si supiera exactamente todos los pensamientos sucios que pasaron por su mente.

—Listo, vamos a hacer tarea —dijo borrando todo lo que había en su pizarra.

Twilight siempre supo que su perro era listo en algunos aspectos, pero esa tarde demostró signos de una gran inteligencia, no sólo la ayudó con su tarea de matemáticas, sino con ciencias e incluso lenguaje. ¡Como si de verdad supiera leer y escribir!

Durante el tiempo que Spike compartió con Twilight no pensó en salir huyendo. Es más, disfrutaba de su compañía como siempre lo hizo. Le recordaba aquellos viejos tiempos donde le ayudaba a estudiar para sus exámenes de la escuela de magia, y yendo más atrás, al tiempo donde ella le enseñó a leer y escribir.

Cuando menos se dieron cuenta, la noche había llegado, con la luna llena en el firmamento.

—Uf, muy bien Spike, terminamos —dijo sacudiéndose el resto de tiza de sus manos.

Spike hizo lo suyo, sacudiéndose los restos de su pelaje.

—Debo decir —agregó—, que tu ayuda fue muy productiva este día Spike, es como si te hubieras hecho más inteligente mientras estabas en la calle. No podría estar más orgullosa de tener un compañero como tú, Spike.

Se arrodilló y le dio un abrazo, el cual correspondió lamiéndole la mejilla, haciendo que ella riera.

De pronto, un toque en la puerta hizo que ambos se separaran.

—Adelante.

Los padres de Twilight ingresaron a su habitación.

—Wow, mamá, papá, lucen fantásticos —alabó Twilight al vestido rojo de su madre y el traje de su padre.
—Gracias cariño —agradeció Velvet.
—Gracias mi pequeña científica, tu madre y yo iremos a cenar y luego a bailar. No nos esperes despierta y no te quedes hasta tarde haciendo experimentos —ordenó su padre.
—No hay problema.
—Hay suficientes cosas en la cocina por si quieres prepararte para cenar, no cenes tarde —agregó Velvet.
—Está bien.
—Adiós, que la pasen bien, y no olvides asegurar las puertas por si acaso —recordó su padre.

Twilight asintió. Luego los padres bajaron las escaleras rápidamente hacia el garaje y tan rápido como ingresaron al auto, salieron de la casa, ansiosos de disfrutar su noche especial. Lo que no sabían, era que su hija también tendría una noche inolvidable.

Cuando escuchó la puerta del garaje cerrarse, Twilight nuevamente puso esa sonrisa en su rostro al mismo tiempo que se la dedicaba a su perro.

—¿Alguien tiene hambre? —preguntó Twilight.

Al instante, la cola de Spike comenzó a agitarse mientras sacaba la lengua, mirándola alegremente. Twilight salió corriendo de su habitación hacia la cocina siendo seguida por Spike. Al igual que en la mañana, Twilight le sirvió la comida a Spike, pero esta vez recargó su plato con agua.

—Deja espacio para el postre —susurró ella guiñándole.

Spike no le dio mucha importancia y prosiguió con la ingesta sin notar como su dueña se daba un baño, encendía un par de velas aromáticas en su habitación y sacaba un frasco de mantequilla de maní del refrigerador.

—Spike, ven un segundo —dijo con voz melódica.

El perro sin dudar, subió las escaleras, desde antes de ingresar pudo oler la esencia mezclada de las velas y la mantequilla de maní. Extrañado, olfateó el suelo del pasillo para seguir el rastro sin notar que entró a la habitación de su dueña.

—Hola Spike—saludó Twilight.

Spike ahora estaba más desconcertado por el hecho de que Twilight estaba vestida con una bata, faltando horas para irse a dormir.

—Se que estuviste mucho tiempo allí afuera Spike, solo, hambriento, con frio y confundido. Es por eso que quiero compensarlo con algo que a ti te gusta Spike.

Twilight se acercó a su cama y se sentó en la orilla, desanudando el nudo de su bata. Con un gesto de su mano dio un par de toques a la cama, invitando a Spike a subir. Este obedeció sin chistar.

Spike estaba en un ángulo tal que le permitía ver a través del espacio descubierto que dejaba la bata de Twilight, su vista se enfocó en el pezón que dejaba ver.

Al notarlo, Twilight se puso de pie y se quitó la bata por completo, dejando al descubierto su cuerpo frente a él. Ahora si los ojos de Spike quedaron abiertos y con su lengua afuera. Por primera vez desde que comenzaron con esto, Twilight notó que su perro la veía no sólo con obvio entusiasmo por hacerlo sino además con deseo y lujuria.

Algo dentro de Spike estaba naciendo, una sensación cálida que invadía cada rincón de su cuerpo pero que, debido a las circunstancias, se concentraba en regiones especificas de su cuerpo. No sabía si eran aquellos senos medianos o su cadera donde en ella se mostraba su parte intima sin nada que la tapara lo que lo excitaba.

Twilight recorrió su cuerpo con ambas manos de forma lenta y luego acarició a su perro. Esto le produjo escalofríos al cachorro. Luego, se acostó en la cama con las piernas abiertas exponiendo su vagina. Spike fijó su mirada en ella, apreciando cada parte, incluso el bello que allí había. Quería saltar ahí mismo, pero como todo perro obediente, debía esperar la orden de un dueño para actuar.

Twilight trajo el frasco de mantequilla y sacó una generosa porción con su mano. Luego con la ayuda de su mano limpia ayudo a esparcir el contenido en sus labios vaginales, teniendo especial cuidado de no meter nada en su interior, pero tantas sesiones de práctica le dieron memoria para saber donde no poner su dedo. El frio repentino en su parte íntima hizo que dejara escapar un gemido casi inaudible, las orejas de Spike apuntaron hacia allí.

Twilight llevó sus dedos con mantequilla y algo de sus jugos a su boca y los degustó. Era su segunda parte favorita. Viendo como Spike parecía estar a punto de estallar de la espera, acercó su mano a su vagina y dijo:

—Ven Spike, lame.

Era su primera vez, por lo que dudó de lo que debía hacer a continuación, por lo que optó a que su instinto de perro lo guiara. Se acercó tímidamente a su dueña, olisqueando a través de su pierna lentamente, subiendo desde su rodilla. Cada toque de aquella pequeña nariz estremecía a Twilight, es como si estuviera jugando con ella.

Estaba cerca de su entrada, Twilight podía sentir la respiración del cachorro chocar contra su piel, la humana mordió su labio inferior impaciente. Tanta era su lujuria y ese calor que escarbaba en su primitivo ser que no vio venir el primer lengüetazo de Spike, aquel que pasó a través de la mantequilla para llegar directamente a la vulva.

Por supuesto, Twilight dejó escapar un gemido. Spike, lleno de confianza, siguió lamiendo enérgicamente la zona intima de Twilight, limpiando la zona de aquella mantequilla que era su postre. Cuando estaba a punto de acabarse, Spike pegaba su hocico a la vulva de Twilight, este primer contacto de su nariz húmeda con su clítoris la hizo estremecer.

—Mmmhh—dejó escapar Twilight—. Más adentro.

Cada vez que lo hacían dejaba escapar una frase como esa, aun sabiendo que su perro no entendería la orden y sólo seguiría lambiendo, despreocupado. Por eso, no esperaba que Spike usara sus garras para separar sus labios vaginales y lamer en lo más profundo de su ser.

—¡Oh Spike, sigue, sigue, no te detengas!

La mantequilla se había acabado, pero por más delicioso que fuere, algo nuevo había llamado su atención, algo que sólo Twilight podía brindarle. Lambia por todos lados con la esperanza de que Twilight dejara escapar más de aquel líquido angelical, sin notar que su miembro canino había emergido de su saco y estaba al contacto de las sabanas de su dueña.

Ante ese nuevo ritmo, Twilight apretaba una de sus tetas y con la otra mano acariciaba furiosa su clítoris. Repetía el nombre de su perro repetidas veces, sus piernas comenzaban a temblar, ¿Cómo era posible que su perro fuese tan bueno de repente?

Spike continuaba su asalto como si no hubiera un mañana, pero Twilight, en un momento de lucidez, gritó:

—¡Alto Spike!

Asustado, Spike retrocedió, estaba a punto de preguntar que sucedía, pero recordó lo que era. Twilight respiraba agitadamente, era la primera vez que su perro la complacía de tal manera, por lo tanto, decidió que tal talento no debía desperdiciarse.

—Spike… eso fue asombroso —dijo mirando el techo, luego desvió la mirada hacia él—. ¿Sabes lo que sucede cuando escuchas y complaces a una mujer?

Spike negó con la cabeza, un pequeño hilo de su saliva mezclado con los jugos de Twilight cayó a la cama. Ella observó el miembro de Spike.

—Ella puede recompensarte.

Dicho esto, Twilight giró quedando su posterior al descubierto, luego se arrodilló quedando su cola en el aire. Spike pudo observar en detalle todo aquello que le atraía de esa Twilight, tragó saliva en respuesta. Por un segundo, imaginó a la Twilight poni presentándose ante él de esa manera, invitándolo a montarse en ella.

—Vamos Spike, móntame.

Spike se puso en dos patas, apoyándolas sobre el trasero de Twilight, pero para su infortunio, era mucha la altura para que su miembro lograra su cometido.

—Ups, lo siento —dijo apenada.

Para solucionarlo, trajo un par de almohadas y las colocó debajo de su cadera. Gracias a ello Spike pudo posicionarse perfectamente, alineando su miembro con la entrada de Twilight.

—Cuando tú quieras Spike.

Era una locura. Perder la virginidad con un perro no era lo que venía a su mente cuando imaginaba escenarios románticos (los pocos que imaginó en su vida). Todo había empezado por accidente hacía tiempo, pero sólo eran unas lambidas en sus momentos de calentura, nunca imaginó que desembocarían en esto. Ahora, ella estaba siendo sometida por su mascota, guiada por sus deseos carnales que su perro supo satisfacer de algún modo.

Y le gustaba.

Por eso, todas sus preocupaciones desaparecieron cuando Spike deslizó su miembro dentro de ella repentinamente. Twilight dejó escapar un alarido de placer y dolor mientras que Spike gruñía de placer. Luego de unos segundos, Spike continuó con el vaivén de embestidas, primero lento para que el perro se acostumbrara a la posición y luego rápido.

—¡Oh Spike, continúa!

Los gemidos de Twilight eran incontrolables. Agradecía que sus padres no estuvieran en casa y que su hermano se haya mudado a su propio departamento hace años. Spike de vez en cuando dejaba escapar ladridos bajos como si estuviera soñando, sus garras escapaban de sus patas y, sin quererlo, se incrustaban en la piel de Twilight. Pero esta ignoraba el dolor el cual era cubierto por el placer de las embestidas, el sonido de sus caderas chocando y aquella sensación que se estaba acumulando, esperando a explotar.

Gotas de sangre caían a la frazada de Twilight. La saliva de Spike caía en la espalda de Twilight la cual se mezclaba con el sudor. El aroma de las velas había desaparecido, siendo reemplazado por el olor de su acto sexual.

Las caderas de ambos se habían sincronizado, Twilight utilizaba la almohada debajo de ella para frotar su duro clítoris y así aumentar su placer, lo cual estaba por dar resultados.

—¡Spike, ya estoy por… aaaahh… acaba dentro mío! —exclamó con todas sus fuerzas.

Repentinamente, las paredes vaginales de Twilight comenzaron a palpitar al igual que el miembro perruno de Spike. Los gemidos se intensificaron y las embestidas alcanzaron su mayor velocidad en esos últimos segundos.

—¡Spike! —gritó Twilight dejando escapar un último gran gemido.

Spike por su parte dejó escapar un aullido, nacido de lo más profundo de su instinto animal.

La esencia de ambos se mezclaron, las piernas de Twilight temblaron, dejándolas débiles, sin poder sostenerse se acostó en la cama. Spike por su parte seguía en el interior de Twilight debido al crecimiento de su miembro, haciendo imposible su salida. Twilight había leído sobre ello, sólo debían esperar.

Ambos permanecieron inmóviles, su respiración agitada disminuía con el pasar de los minutos, las mentes de ambos volvían a la realidad también. El pelo de Twilight estaba desordenado y sus lentes habían caído de la mesita hacía el suelo junto a la bata que en el pasado cubría su cuerpo desnudo.

Ella no se arrepentía, él tampoco.

Cuando menos lo esperaban, el miembro de Spike redujo su tamaño, lo que permitió que este lo sacara sin problema. Twilight dejó escapar un suspiró cuando lo sacó. Spike cayó rendido sobre la pierna de su dueña.

—Oh, ven mi pequeño cachorro —dijo Twilight trayendo a Spike a su lado.

El cansancio de ambos era notable, incluso desplazaba el hambre de Twilight. Con un movimiento rápido y lo último de su fuerza, la humana giró la manta en la que habían tenido relaciones para ocultar las manchas en caso de que sus padres decidieran entrar a revisar, luego tapó a ambos con ella, acurrucando a Spike a su lado.

—Eres el mejor compañero Spike, te amo —finalizó dándole un beso en la frente.

Spike tenía pequeños espasmos musculares mientras dormía. Sus patas se sacudían y de vez en cuando, dejaba escapar un ladrido casi inaudible, a veces, esos ladridos eran palabras que su dueña no llegaba a escuchar porque al igual que él, se encontraba profundamente dormida.

De pronto, podía ver como Twilight, la verdadera Twilight, se agarraba de la mano con humanas que se asemejaban a sus amigas ponis en Equestria y, en un espectáculo de magia y amistad, un arcoíris viajó por el cielo hasta impactar en algo parecido a un demonio. Luego, un resplandor encegueció su vista.

—¡Twilight! —gritó Spike despertando de repente.

Era sólo un sueño, pero parecía tan real… podía sentirlo. Quedó pensativo unos minutos, mirando a la nada, respirando tranquilamente como la noche misma. Luego, giró para ver a su dueña quien dormía desnuda debajo de su frazada, la expresión en su rostro reflejaba paz.
Entonces, miró a la luna. De repente, imágenes de su sueño parecieron encajar con lo que vio al principio de su aventura; la estatua de caballo y aquel gran edificio.

—¡No puede ser! —volvió a gritar.

Asustado, miró nuevamente a Twilight quien no parecía inmutarse por los gritos de su perro parlante. Sin perder tiempo, Spike saltó de la cama y corrió hacia la puerta, la cual se encontraba abierta gracias a que Twilight olvidó cerrarla. Pero una sensación de culpa invadió a Spike, ella ya había perdido a su perro una vez y tal vez no volvería a encontrarlo si decidiese irse, pero no podía abandonar a la Twilight del mundo poni, fue por ella que había ido a este extraño mundo en primer lugar.

Era hora de encontrarla.

Antes de irse, fue hasta el escritorio y tomó papel y lápiz. Luego de aquella tarea extra, Spike saltó a la cama y le dio un beso de despedida a Twilight en los labios, una chispa recorrió su pequeño cuerpo pero decidió ignorarlo.

Sin nada más que hacer, bajó de la cama y salió de la habitación, perdiéndose en la oscuridad de la casa.

No fue hasta dos horas después que Twilight notó la ausencia de Spike. Entre dormida, buscó a Spike para abrazarlo, pero al no encontrarlo despertó asustada.

—¿Spike? —llamó Twilight.

Pero él no obedeció.

—¡Ven, Spike!

Pero seguía sin responder. Twilight se sentó en su cama, observando a su alrededor, pero no estaba en ningún lado. Su cuerpo desnudo era tocado por la luna que entraba por la ventana.

Al tomar los lentes del suelo, tocó un pequeño papel doblado a la mitad. Extrañada, lo cogió y lo abrió. Su sorpresa era grande, a menos que sus padres hayan regresado antes a casa, ella era la única que podía escribir ese mensaje, o al menos esa sería su conclusión sino fuera porque su perro demostró tener signos de gran inteligencia.

Inmediatamente, se puso su bata y buscó a Spike por toda la casa; desde la habitación de sus padres, pasando por su baño, hasta el jardín trasero, pero no había rastro. Revisó las puertas, todas cerradas con seguro, ventanas igual. ¿Entonces donde estaba?

Corrió desde el jardín hasta el garaje, antes de llegar vio que estaba iluminado pero no por la luz de la casa, sino del exterior. Al llegar, vio como la puerta automática estaba abierta y cerca del botón, estaba el lápiz que Spike había usado para escribir aquel mensaje. Sin importarle nada, Twilight salió a la calle y gritó:

—¡Spike!

La paz de la noche se vio interrumpida por ese grito. Twilight comenzó a llorar sin tapujos, nuevamente su compañero de vida, y reciente amante, había escapado por segunda vez. Dejó caer su cuerpo al suelo, quedando arrodillada mientras sus lágrimas humedecían el pasto.
El papel se arrugaba en su mano, pero su mensaje, compuesto por dos simples palabras, quedaría grabado dentro de su corazón por mucho tiempo.

“Lo siento.”

Luego de su escape, Spike corrió a toda velocidad por las calles dispuesto a volver al punto de inicio de su aventura. Los perros ladraban a su paso, los autos pasaban a su lado, las casas volvían a encender sus luces. Incluso dejó atrás aquel poste con su cartel de perdido.
Al llegar a la manzana de aquel edificio, pudo observar que parte de sus luces estaban encendidas y que su entrada principal estaba destruida. Pero lo que le llamó la atención fueron el grupo de chicas que estaban cerca de la estatua, todas vestidas de forma elegante. Usando el resto de sus fuerzas, Spike recorrió los últimos metros, una por una, la figura de aquellas chicas se hicieron reconocibles, desde la rosada con pelo alocado hasta la chica con pelo arcoíris, y por último, la más importante, que llevaba una corona en su cabeza.

—¡Twilight! —gritó Spike.

La susodicha giró al escuchar su nombre en el aire.

—¿Spike? —preguntó extrañada.

Al ver que era un cachorrito con los colores de su compañero dragón se acercaba rápidamente y que podía hablar, no dudó ni un segundo en arrodillarse para recibirlo.

—¡Spike! —exclamó emocionada.

Spike saltó a los brazos de la verdadera Twilight, esta lo recibió con un abrazo mientras que él le lambió la cara.

—¡¿Puede hablar?!—preguntaron las demás al unísono.
—Chicas, este es Spike, mi compañero dragón —presentó Twilight.
—¡Un perro dragón que habla! —exclamó Fluttershy siendo la primera en acercársele— Dime, ¿Qué piensas?

Spike no supo que responderle, desvió su mirada hacia Twilight y, por un segundo, pudo ver una chispa en sus ojos que los hacía más brillantes que antes, sintió un extraño calor que esta vez, se concentraba sólo en su pecho.

—Necesito que me rasquen detrás de las orejas.

FIN.